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El uso de microplásticos en productos comunes y su presencia en el cuerpo humano en México

Qué son los microplásticos y dónde se encuentran

Los microplásticos son partículas de plástico menores a cinco milímetros. Pueden originarse como fragmentos de plásticos más grandes que se degradan con el tiempo o ser fabricados directamente en tamaños diminutos, como los que se usan en cosméticos, detergentes y productos de limpieza.

En México, los microplásticos están presentes en productos de uso diario como pastas dentales, exfoliantes, envases de alimentos, fibras sintéticas, envases de agua embotellada, bolsas de supermercado y filtros de cigarro. Aunque su tamaño es casi invisible, su presencia es constante en el entorno y en el consumo humano.

Vías de exposición en la población mexicana

Los mexicanos están expuestos a microplásticos principalmente por tres vías: ingestión, inhalación y contacto dérmico. La ingestión ocurre al consumir alimentos contaminados o beber agua embotellada. La inhalación se produce al respirar aire con partículas suspendidas, especialmente en áreas urbanas con alta contaminación. El contacto dérmico ocurre al usar productos cosméticos o de limpieza que contienen partículas plásticas.

Estudios recientes realizados por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) han detectado microplásticos en muestras de agua potable, sal de mesa nacional y pescados comercializados en mercados del país. Esto confirma que el problema no es externo: ya está dentro del sistema alimentario nacional.

Presencia de microplásticos en el agua y alimentos

El agua embotellada es una de las principales fuentes de ingestión de microplásticos. En México, más del 70% de los hogares consume agua embotellada regularmente. Investigaciones han detectado entre 10 y 300 partículas por litro en algunas marcas nacionales. Las partículas provienen del propio envase, del tapón y del proceso de embotellado.

En alimentos, los pescados y mariscos del Golfo de México y el Pacífico han mostrado presencia de microplásticos en sus tractos digestivos. Aunque la mayoría de los consumidores no come esas partes, existe riesgo de transferencia de contaminantes químicos adheridos a esas partículas al resto del organismo.

La sal de mesa extraída de salinas costeras también ha registrado concentraciones variables de microplásticos. Algunas muestras analizadas contenían hasta 300 partículas por kilogramo de sal.

Contaminación por fibras textiles

La ropa sintética, como la hecha de poliéster o nylon, libera microfibras plásticas durante el lavado. Cada ciclo de lavadora puede liberar miles de fibras al drenaje. Estas microfibras no son retenidas por las plantas de tratamiento de aguas residuales y terminan en cuerpos de agua, donde son ingeridas por fauna acuática.

En hogares urbanos de México, donde predomina el uso de ropa sintética por razones de costo y disponibilidad, esta es una fuente relevante de contaminación invisible. La falta de conciencia sobre este problema agrava su propagación.

Microplásticos en el cuerpo humano

Investigaciones médicas internacionales ya han detectado microplásticos en pulmones, sangre, placenta, heces y leche materna. En 2022, un estudio coordinado por la Vrije Universiteit Amsterdam confirmó la presencia de partículas plásticas en muestras de sangre humana, lo que demuestra su capacidad de atravesar barreras biológicas.

En México, aunque los estudios clínicos aún son limitados, ya se han identificado partículas plásticas en muestras de heces de voluntarios en CDMX y Guadalajara. El hallazgo sugiere que la exposición a microplásticos es un fenómeno extendido y que ya están circulando en el organismo de miles de personas.

Posibles efectos en la salud

Los microplásticos no solo representan un problema físico, también químico. Estas partículas pueden liberar aditivos tóxicos como ftalatos, bisfenol A (BPA) y retardantes de flama, todos asociados a alteraciones hormonales, daño hepático y posibles efectos cancerígenos.

Además, los microplásticos pueden actuar como vectores de bacterias y contaminantes persistentes como pesticidas o metales pesados. Al ingresar al cuerpo humano, pueden desencadenar respuestas inflamatorias, alterar la microbiota intestinal y generar estrés oxidativo.

Aunque aún no existe consenso científico definitivo sobre todos sus efectos a largo plazo, las evidencias apuntan a una relación preocupante entre la exposición prolongada y enfermedades crónicas.

Falta de regulación en México

En México, la legislación sobre microplásticos es limitada. Aunque se han prohibido los plásticos de un solo uso en algunas entidades federativas, no existe una normativa federal específica que regule los microplásticos en productos de consumo o que exija el etiquetado de su presencia.

La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) no ha emitido lineamientos claros sobre la exposición a microplásticos en alimentos, bebidas o cosméticos. Tampoco hay campañas oficiales de información pública sobre este tema.

En contraste, países como Francia, Canadá y Suecia ya han prohibido el uso de microperlas plásticas en productos cosméticos y están exigiendo estudios de impacto sobre su uso en envases de alimentos.

Investigación científica en curso

En universidades mexicanas se están llevando a cabo estudios para cuantificar la presencia de microplásticos en cuerpos de agua, suelos agrícolas y productos de consumo. La UNAM, la UAM y el IPN encabezan proyectos en zonas como el Valle de México, el Golfo de California y la Laguna de Términos.

Además, algunos laboratorios privados y centros de análisis ambiental están empezando a ofrecer servicios de detección de microplásticos en agua, alimentos y productos industriales, aunque su uso todavía es limitado por los altos costos de análisis.

Responsabilidad de las empresas

Empresas embotelladoras, fabricantes de cosméticos y marcas de limpieza siguen utilizando plásticos en sus productos sin advertir a los consumidores sobre su impacto. Pocas marcas han adoptado alternativas biodegradables o han eliminado las microperlas plásticas de sus fórmulas.

En México, no existen obligaciones claras para que las empresas informen sobre la presencia de microplásticos en sus productos. Tampoco hay incentivos reales para su sustitución. Esto deja la carga de la prevención en manos del consumidor, que en muchos casos ni siquiera sabe que está expuesto.

Lo que se puede hacer a nivel individual

Ante la falta de regulación, algunas medidas individuales pueden reducir la exposición a microplásticos:

  • Evitar cosméticos que incluyan polietileno, polipropileno u otros polímeros como ingredientes.
  • Reducir el uso de agua embotellada y optar por filtros domésticos certificados.
  • Lavar ropa sintética con bolsas de filtrado o usar menos prendas de poliéster.
  • Preferir alimentos frescos no empacados en plástico, especialmente carnes, quesos y frutas.

Si bien estas acciones no eliminan el problema, pueden disminuir la carga diaria de exposición y fomentar cambios de consumo más responsables.

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